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TS-19

En el último capítulo de la serie The Walking Dead, los protagonistas que van quedando consiguen llegar al Centro de Control y Prevención de Enfermedades. El centro está bajo la supervisión del doctor Edwin Jenner, que con la ayuda del sujeto experimental TS-19 intenta encontrar una cura a la enfermedad.

Cuando, tras una buena borrachera, los supervivientes demandan respuestas al doctor Jenner, este les muestra un video de una imagen del cerebro de TS-19 en el que se muestran las lesiones que sufre el sujeto tras haberse infectado, y como después de haber muerto el sujeto resucita, por poco tiempo gracias a la bala que le atraviesa el cráneo, y puede observarse de nuevo la actividad cerebral del nuevo zombi.

Actividad cerebral de TS-19

La conclusión del doctor Jenner es que la actividad cerebral está reducida al cerebelo, encargado de integrar funciones motoras y sensitivas muy básicas, y eso explicaría la falta de conciencia característica de los zombis (como vimos en la entrada anterior de este blog).

La verdad es que el doctor Jenner, probablemente por la falta de tiempo (hay que recordar que él remató al zombi), no pudo realizar un estudio más completo del sujeto TS-19. Por suerte, el Dr. Steven C. Scholzman del centro de Psychiatry at Harvard Medical School ha podido realizar estudios más completos a partir del análisis del cerebro de distintos sujetos experimentales, o de lo que quedaba de ellos.

Una característica peculiar de los zombis es su incapacidad para planificar conductas, de ahí que se pasen el día deambulando a la espera de alimento. Este comportamiento es debido a los daños que la infección ha provocado en su lóbulo frontal. Sin embargo, dado que disponen de cierta habilidad para percatarse de la presencia de seres vivos en su entorno, quizá las conexiones entre el lóbulo frontal y el tálamo no estén del todo dañadas.

Su deficiencia motora (son muy cansinos, pero por suerte bastante lentos y torpes) se debe a una disfunción del cerebelo y de los ganglios basales responsables estos últimos de controlar los movimientos automáticos.

La especial agresividad que muestran se debe a daños en la corteza anterior cingular. Esta zona regula las conexiones entre la amígdala y el lóbulo frontal, de ahí que el cerebro de un zombie esté dirigido fundamentalmente por la actividad de la amígdala y su comportamiento se limite a la satisfacción de emociones básicas, fundamentalmente comer. Su continuo deseo de comer está motivado por daños severos en el hipotálamo, lo que les provoca un “síndrome de déficit de recompensa”.

El diagnóstico del doctor Schlozman es Ataxic Neurodegenerative Satiety Deficiency Syndrome (ANSD)

Título que acredita mis conocimientos en zombilogía. Firmado por la Reina de Inglaterra

582002

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