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Pepsi o Coca-Cola. Aspectos epistémicos y éticos del neuromarketing

Todo comenzó con una pregunta trivial ¿Pepsi o Coca-Cola?.  En el año 2004 McCule (McClure et al. (2004). Neural correlates of behavioral preference for culturally familiar drinks. Neuron, 44, 379-389).publica un trabajo en el que se estudian los procesos cognitivos que están detrás de una decisión aparentemente tan simple como la elección entre dos refrescos. El trabajo se realizó sobre más de sesenta sujetos a los que se dividió en tres grupos. Al primer grupo se le da a elegir entre dos refrescos de marcas distintas y tienen que decidir cuál prefieren. A los sujetos de este grupo no se les ofrece ninguna indicación de la marca comercial de los dos conocidos refrescos. Al segundo grupo se le ofrecen dos refrescos idénticos, de la marca Coca-Cola y tan sólo en una de las muestras se indica la marca. En el tercer grupo la situación es idéntica a la del segundo, sólo que en este caso las muestras correspondían a la marca de refrescos Pepsi, y en una de las muestras sí aparecía el indicativo de la marca. Durante las catas a los sujetos se les tomaban datos de la actividad cerebral mediante resonancia magnética funciona (fMRI)

Los resultados de la prueba ya han pasado a la historia del marketing. En la prueba a ciegas la selección de los refrescos se decantaba levemente por encima del 50% hacia Pepsi. Sin embargo, cuando los sujetos conocían la marca, se producía un fuerte sesgos hacia Coca-Cola. Lo que muestra los datos recogidos por la fMRI es que en las catas a ciegas se activaba la zona ventromedial del lóbulo frontal, que es una zona que interviene en la toma de decisiones, mientras que en las catas con los indicativos de la marca de refrescos se activaban la corteza dorsolateral  prefrontal y el hipocampo, lo que sugiere que, en estos casos, en la decisión intervienen factores relacionados con la memoria y las vivencias asociadas a la marca que con los gustos sobre los refrescos. Evidentemente Pepsi debía de cambiar toda su estrategia de marketing.

La toma de decisiones no es un proceso meramente racional en el que no intervienen aspectos emocionales asociados a recuerdos más o menos conscientes de nuestras vivencias. Las agencias de publicidad conocen esto y las empresas dedican grandes cantidades de recursos a desarrollar estrategias de marketing que les permitan situarse en los mercados.

El uso de técnicas de imaginería cerebral para conocer los correlatos neuronales y los procesos cerebrales que aparecen involucrados en la toma de decisiones de los consumidores, es lo que se conoce como neuromarketing. En este sentido, el neuromarketing tiene los mismos objetivos que el marketing tradicional, esto es, comprender, explicar y predecir las conductas de grupos, individuos u organizaciones que sean relevantes para los estudios de mercado. Lo que añade el prefijo ‘neuro’ es el uso de técnicas experimentales y herramientas propias del campo de las neurociencias para obtener información sobre los procesos cerebrales de los consumidores, dejando a un lado la información subjetiva que manifiestan los sujetos cuando se les someten a las pruebas.

Los primeros trabajos en los que se vinculan las conductas y actitudes de los sujetos frente a la publicidad con la actividad cerebral aparecen publicados en 1984 ( Stewart, D.W. «Physiological measurement of advertising effect: an unfulfilled promise» Psychol. Market, 1, 43-48 y Weinstein et al. «Brain wave analysis in advertising research» Psychol. Market, 1, 83-96)

En 2002 se crea Brighthouse Institute for Thought Sciences, la primera compañía dedicada al neuromarketing asociada a la Emory University que, de forma un tan tanto polémica, proporcionaba investigadores y facilitaba el uso de fMRI. Es en octubre de ese mismo año cuando el profesor Ale Smits de la Eramus University of Rotterdam introduce el término “neuromarketing”. En la actualidad existen universidades que cuentan con departamento específicos de neuromarketing. El septiembre de 2003 la revista Forbes dedica su portada a un artículo firmado por Melanie Wells y el término se populariza. En 2012 se funda Neuromarketing Science & Business Association. (NMSBA) con sede en Holanda.

Las técnicas y herramientas para medir las respuestas cerebrales y fisiológicas en las pruebas que se realizan en neuromarketing son:

  • Encefalografía (EEG)
  • Resonancia Mágnetica Funcional (fMRI)Magnetoencefalografía (MEG)
  • Tomografía de Emisión de Positrones (PET)
  • Seguimiento ocular (Eye Tracking)
  • Respuesta galvánica de la piel
  • Electromiografía (EMG)
  • Ritmo cardíaco

Veamos cómo funciona. Mediante una técnica que se conoce como neuro-trace con la que, haciendo uso de EEG, Electromiografía y la respuesta galvánica de la piel, se intenta medir aspectos relacionados con el índice de respuesta emocional ante los anuncios y el índice de respuesta cognitiva o nivel de atención que el sujeto presta ante un anuncio, se analizaron distintas versiones del anuncio del televisor Sony Bravia.

El índice de respuesta emocional ante el anuncio muestra unos picos de atención que coinciden con la presentación en el anuncio de unos estímulos visuales. La rana cruzando la calle es un estímulo que provoca una “reacción positiva” y que va a desencadenar otros picos de atención hasta que aparece el segundo estímulo, el logotipo de la marca con el slogan del producto.

(fuente de las imágenes meuromarca)

Para comprobar la relación entre la presentación del primer estímulo visual y las respuestas emocionales, se presentó un segundo anuncio en el que se había suprimido al escena de la rana. Los resultados fueron una disminución de la reacción positiva inicial, pero también una disminución de la atención y de la respuesta emocional ante la aparición del segundo estímulo con el slogan y la marca del producto.En este caso, el neuromarketing ayuda a comprender los elementos de la campaña publicitaria que ayudan a que el anuncio sea más eficaz.

¿Hasta qué punto las empresas deben tomarse estos trabajos en serio? En 2012 la empresa Innerscope Research realizó una prueba a más de 1000 voluntarios a los que se les mostraban 40 tráiler de películas y se medía la frecuencia cardiaca, la respiración, el sudor, respuesta motoras y movimiento ocular. El objetivo era medir la respuesta emocional que generan el tráiler  y predecir los éxitos de taquilla de las películas. El resultado del trabajo estimaba que cuando la respuesta emocional de un tráiler estaba por debajo de un umbral-65 la recaudación en taquilla sería inferior a 10 millones de dólares el fin de semana del estreno; mientras que si la respuesta emocional era superior a 80, la taquilla ascendería a los 20 millones el primer fin de semana. Al parecer las empresas de Hollywood sí se han tomado muy en serio estos trabajos.

Si se piensa que el neuromarketing es algo más que el uso de técnicas para medir el impacto que la publicidad tiene sobre nuestro cerebro con vistas a aumentar las ventas de un producto, entonces sí es posible generar líneas de investigación que aporten conocimiento sobre los procesos cerebrales involucrados en la toma de decisiones y las formas de comportamiento de las sociedades contemporáneas. En el artículo «What is ‘neuromarketing’? A discussion and agenda for future research» (Nick Lee et al. 2007. Internationa Hournal of Psychophysiology 63, 199-204) se presentan una serie de direcciones de investigación relacionadas con el estudio de la confianza que los consumidores tienen ante las marcas. No sólo se trata de estudiar la fidelidad que los consumidores pueden tener ante una determinada marca de un producto comercial, se trataría de estudiar cuestiones tan  interesantes como la confianza que pueden ejercer organizaciones sociales, ONGs o partidos políticos. En el campo de la publicidad las ONG cada vez están presentes con campañas muy agresivas en determinadas épocas del año. También se puede estudiar la confianza que ejercen marcas políticas o si la confianza que se tiene en una organización se transmite a los representantes de esa organización.

Es interesante estudiar cómo surge la confianza. Si los procesos involucrados son los mismos ante una marca comercial que ante la presencia de un amigo o de un familiar. También, relacionado con el tema de la confianza y como un factor fundamental de la economía y de las transacciones sociales está el tema de la negociación. Los estudios con fMRI muestran que en procesos de negociación, aquellas personas que tienden a cooperar y al intercambio son personas que generar una alta actividad en áreas asociadas a la comprensión y la proyección de estados intencionales sobre los demás.

Estas investigaciones pueden proporcionar herramientas muy potentes a las empresas que se dedican al marketing y a la publicidad. Los estudios sobre el impacto que los precios tienen sobre el consumo y la conducta de los consumidores, o el estudio sobre cómo se procesa información numérica, pueden aportar información que sea útil para el conocimiento de los mecanismos involucrados en el tratamiento de información muy específica y incluso proteger a los consumidores sobre técnicas de manipulación en el etiquetado de los precios.

La investigación en neuromarketing podría aportar información muy valiosa para comprender conductas adictivas o las conductas que presentan los consumidores compulsivos.

ponencia sobre neuromarketing de Mónica Deza, Vicepresidenta de McCann WorldGroup para The Future of Advertising

Aspectos epistémicos y éticos del neuromarketing.

En 2007 UCLA presentó un trabajo (“This Is Your Brain on Politics” New York Times 11 de noviembre 2007 )en el que se analizaban las reaciones cerebrales de distintas personas ante las imágenes de candidatos presidenciales. Entre las conclusiones del trabajo, se destacaba, por ejemplo, que las mujeres no solían mostrar actividad ante partidos, pero sí ante candidatos individuales. También se puede saber las áreas que se activan ante una imagen de un político o cómo reaccionan hombres y mujeres ante una misma imagen o una determinada palabra (‘demócrata’ vs ‘republicano’). Esta información puede ser muy útil para los responsables de las campañas electorales.

Este trabajo fue muy cuestionado y generó una gran polémica no sólo por los aspectos éticos implicados, sino también por la metodología y el alcance de los trabajos presentados.

Las personas pueden razonablemente mostrar preocupación ante la posibilidad de que los estudios en neurociencias en general y en neuromarketing en particular, puedan poner en peligro su privacidad. Este estudio sugiere que es posible conocer las opiniones políticas o la intención de voto de las personas.

Emily R. Murphy (Murphy et al. 2008 «Neuroethics of neuromarketing» Journal of Consumer Behavior, 7: 293-302) es favorable al establecimiento de controles y límites en las investigaciones en neuromarketing. Estos controles tendrían como objetivo preservar a aquellos colectivos más vulnerables, personas con daños cerebrales o trastornos psíquicos, menores, o colectivos que por cualquier motivo deban ser protegidos legalmente, de prácticas que pongan en riesgo su privacidad. También habría que incluir en estos grupos a los sujetos que se presentan como voluntarios a las pruebas y test que realizan las empresas de neuromarketing. En la actualidad no existen protocolos de investigación que garanticen los derechos de los sujetos experimentales ni de lo que las empresas privadas hacen con la información que obtienen.

El artículo mencionado también generó una polémica de carácter epistemológico relacionada con la metodología y el uso de las técnicas empleadas en las investigaciones en neuromarketing.

Las empresas que financian las investigaciones en neuromarketing no proporcionan mucha información ni sobre la metodología empleada ni sobre los resultados obtenidos, de esta manera eluden los controles y protocolos establecidos en cualquier investigación. La publicidad y la presentación de las investigaciones a la comunidad científica es la única garantía de que los trabajos están sometidos a controles y a procesos habituales de falsación.

A la falta de control sobre lo que las empresas privadas realizan, se unen las críticas que algunas organizaciones de consumidores han realizado sobre el hecho de que las universidades pongan a disposición de empresas privadas sus recursos técnicos y académicos sin que esos trabajos se lleguen a hacer públicos.

Por otro lado, las empresas suelen presentar sus trabajos acompañados de mucho fuego artificial en sus páginas web y suelen utilizar procedimientos de marketing para anunciar sus servicios en lugar de atender a los protocolos de control científico. Suele ser habitual encontrar expresiones tan poco realistas como “medimos lo que los consumidores realmente sienten y piensan”.  Este tipo de procedimientos pueden generar desconfianza de la población ante los estudios en neurociencias y pueden minar la confianza que la comunidad científica tenga ante las neurociencias. Esta tendencia a simplificar y a presentar de forma simplona lo que son complejos procesos cerebrales puede ser el resultado de una tendencia o moda hacia la “folk neurosciencie”  (“neurociencia popular”)  (“Our brains, and how they’re not as simple as we think”. Vaughan Bell The Guardian Neuroscience. Sunday 3 March 2013) en la que se simplifican y se distorsionan los trabajos y resultados que se realizan en neurociencia.


El amor, un Desorden Obsesivo Compulsivo

Cuando alguien acampa en tu cabeza

y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance
(San Juan de la Cruz)

Mucho se ha escrito, dicho y cantado sobre el amor sin que filósofos, poetas, antropólogos y eruditos varios hayan podido llegar a un acuerdo sobre qué es. A mí me gusta la definición que ofrece la antropóloga Helen Fisher, profesora de del Departamento de Antropología de la Universidad de Rutgers y autora del libro Why Him? Why Her?: Finding Real Love By Understanding Your Personality Typel amor sucede cuando “alguien acampa en tu cabeza”.

La Resonancia Magnética Funcional ha permitido a Fischer obtener imágenes cerebrales de voluntarios/as que se encuentran, según sus testimonios, en diferentes estados amorosos. La idea que se deriva de sus investigaciones es que el amor tiene su comienzo mucho antes de que alguien llegue a instalar su tienda de campaña en nuestra cabeza.

En un primer momento existe en cada uno de nosotros un instinto primario de la búsqueda de placer sexual y de encontrar una pareja. En esta etapa el deseo está ligado a los niveles de tetosterona en sangre. Tanto los hombres como las mujeres tienden a aumentar su actividad sexual cuando aumenta el nivel de tetosterona. Existe un grupo de células del hipotálamo llamado INAH3 (núcleo intersticial del hipotálamo anterior número 3) que está más desarrollado en los cerebros masculinos y que  es responsable de la recaptación de tetosterona.

El nivel de excitación de un sujeto cuando se le muestran imágenes de contenido sexual explícito  muestra un aumento de actividad del córtex cingulado anterior, un área relacionada con la fijación de la atención. El lóbulo frontal juega un papel fundamental tanto en la elaboración de ideas abstractas como en la conducta sexual que manifiestan las personas. Los daños en el lóbulo frontal dan lugar a extraños comportamientos sexuales como la erotomanía, una obsesión delirante que lleva a pensar a las personas que la padecen que otra persona, generalmente alguien famoso, está enamorada de ellos. También Oliver Sacks nos cuenta el caso de Natacha K. que ha sus 87 años, tras reaparecer una infección de espiroquetas de neurosífilis que había permanecido latente durante más de setenta años, empezó a mostrar una conducta desinhibida y según sus propias palabras se encontraba “retozona”.

Las áreas del lóbulo temporal próximas al lóbulo frontal también están involucradas en la función sexual. Lesiones en esta zona  próximas a la amígdala provocan el conocido como síndrome de Kluver-Bucy. En estos casos, el paciente  tiende a llevarse cualquier objeto a la boca o intenta tener relaciones sexuales con cualquier cosa. Una posible causa de este tipo de síndromes es que las lesiones corticales de esta zona impiden que se produzca una inhibición del núcleo ventromedial produciendo una necesidad continua de comer y de mantener relaciones sexuales a toda costa. La incapacidad de discriminar con qué se copula podría estar ligada a la incapacidad para reconocer categorías de objetos, función también localizada en el lóbulo temporal.

Putamen

Putamen

En los trabajos realizados por Bartels y Zeki del University College de Londres («The neural basis of romantic love» NeuroReport, nº 11. 2000) se estudian los correlatos neuronales que existen en el “amor romántico”. En personas a las que se les mostraba el rostro de la persona amada se activaban áreas específicas que no aparecen involucradas en tareas de reconocimiento de rostros. Estas áreas incluían la ínsula, el núcleo caudado, el putamen y el cerebelo, áreas relacionadas con la coordinación de movimientos y sensaciones.

área tegmental ventral

Una réplica de estos trabajos coordinada por Lucy Brown del College of Medicine Albert Einstein detectó que en aquellas personas que se encontraban en una fase primaria del amor, aproximadamente algo más de un año de relación, también registraba una intensa actividad el área tegmental ventral, (VTA)que es un área vinculada a sensaciones de placer que también se activan con el consumo de cocaína y de heroína.

Cuando zarpa, el amor navego a ciegas

En una segunda fase del amor, la que se conoce como amor romántico y se corresponde con lo que se suele entender por “estar enamorado”, los sujetos manifiestan una clara “atracción sexual selectiva”.

Efectivamente Kamela tiene razón, cuando zarpa el amor, navego a ciegas (un mínimo de pudor me impide poner el video). Las características propias de esta fase del amor coinciden con los síntomas de un Desorden Obsesivo Compulsivo (DOC), en el que los sujetos no parecen responder a criterios racionales de comportamiento. Las personas que padecen un DOC tienden a comportarse de manera irracional y con conductas repetitivas. En esta fase de enamoramiento, las personas persiguen de forma obsesiva a la pareja, alteran su comportamiento habitual mostrando insomnio, taquicardias,  (130 pulsaciones por minuto); se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular y se produce también un aumento de los glóbulos rojos. Es común la falta de apetito, la dificultad para mantener la concentración, y lo que puede ser más peligroso, una total idealización de la persona amada que les lleva a tener una representación de la misma totalmente distorsionada.

Las emociones y sensaciones que se producen en esta fase del amor son más fuertes que las que se dan en la primera, al fin y al cabo, dice Fischer, nadie se suicida por un intento fallido de llevar a la cama a otra persona. Lo característico de esta fase romántica del amor es el aumento de placer y de la motivación para estar con la persona amada, y el profundo sentimiento de tristeza que se produce ante su ausencia.

Las sensaciones de euforia que se producen en los primeros periodos de esta fase –el “aquí te pillo y aquí te mato”- están ligadas a la combinación de dos agentes bastante “peligrosos”, la feniletilamina, un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas, y la dopamina. La dopamina está ligada al placer y a los sistemas de recompensa y motivación del cerebro.

Por cierto, la feniletilamina se encuentra en el chocolate, y esto ha llevado a algunos investigadores a sugerir que el alto consumo de chocolate sería un modo de combatir la abstinencia.

Fundamental en todo este proceso es el papel que juegan la oxitocina y la vasopresina. La oxitocina es segregada por la glándula pituittaria , estimula la contración de útero, lo que viene muy bien para el parto y también para las relaciones sexuales. La vasopresina es un antidiurético y controla el volumen y la presión en la sangre. Esta sustancia es fundamental para el mantenimiento de la memoria y se usa como un estimulador de la cognición. Dado el papel que la vasopresina y la oxitocina juegan tanto en proporcionar una sensación de bienestar como en el reconocimiento, parece normal que estén vinculadas a la fidelidad y al reforzamiento de los lazos amorosos entre los amantes.

Los trabajos realizados por Larry Young de la universidad de Emory con unas familias de topos que muestran conductas muy diferentes con sus parejas y con su prole, han permitido vincular la presencia de vasopresina en las relaciones estables en una pareja. El microtus ochrogaster o topillo de la pradera tiene el comportamiento sexual de Michael Landon en la Casa de la Pradera. Se mantienen monógamos durante su vida e incluso no vuelve a encontrar pareja aunque enviuden. También son colaboradores y se preocupan del mantenimiento de la prole. Por el contrario, sus primos los topillos de la montaña (microtus montanus), mantienen una vida disoluta en lo que respecta a sus relaciones de pareja y no se preocupan de sus descendientes. Al parecer, es la vasopresina la que determina la vida sexual de los topillos. Un gen es responsable de generar el neuroreceptor de la vasopresina, así que aquellos topillos que tienen ese gen fabrican el neuroreceptor en las cantidades apropiadas, y como consecuencia sus portadores son fieles hasta que la muerte los separa. Cuando a una hembra de topillos de la pradera se le inyecta una fuerte dosis de oxitocina establece una relación con el topillo que se encuentre más próximo.

Los trabajos publicados en 2005 (Kosfeld, Heinrischs, Zak, Fischbacher y Fehr«Oxytocin increases trust in humans» . Nature (435) relacionan un incremento en los niveles de oxitocina con la capacidad de las personas para asumir riesgos sociales y el aumento en la confianza interpersonal. Efectivamente, como todos vosotros estáis pensando, esto se puede comercializar. El Enhanced Liquid Trust se vende (desconozco sus efectos) como un “regulador de la atmosfera que nos rodea” con el objeto de mejorar nuestras expectativas de éxito social.

En un trabajo muy similar, la doctora Donatella Marazziti, psiquiatra de la universidad de Piza, buscó parejas que estuviesen enamoradas en un periodo de seis meses, pero que no hubiesen mantenido relaciones sexuales. Misteriosamente encontró a los sujetos experimentales (17 mujeres y 3 hombres) y les midió los niveles de serotonina en sangre. El análisis mostró un nivel de serotonina un 40% más bajo que en las personas que formaban el grupo control, personas que ni estaban enamoradas ni padecían un DOC, de ahí que se pueda afirmar que el amor produce locura, pero sólo temporal.

L is for the way you look at me
O is for the only one I see
V is very, very extraordinary
E is even more than anyone that you adore and

La locura del amor por suerte es temporal, y en un periodo de un año, año y medio, el coctel químico vuelve a los niveles aceptables. No podemos estar toda la vida navegando a ciegas, además es necesario desplazar la atención hacia los resultados del amor, no podemos estar cambiando pañales, dado biberones cada tres horas, lavando ropa y jugando, si tenemos todas nuestras energías y potencialidades dedicadas a los lances amorosos.

La última fase del amor es quizá la más curiosa. En esta fase, se sustituye la pasión por el compañerismo, el afecto y el apoyo mutuo. Arthur Sazbo ha realizado un estudio en el que se afirma que los hombres que se despiden de sus esposas por la mañana con un beso ganan entre un 20% y un 30% más, pierden menos días de trabajo y viven cinco años más.

Aunque también se vincula esta fase con un proceso de autoaceptación. Los trabajos de Lisa DeBruine permitían simular un juego en el que las personas podían compartir su dinero con personas desconocidas a las que sólo les veían las caras a través del ordenador. Lo interesante es que detrás del ordenador no había otras personas. La imagen de los supuestos compañeros era generada por un ordenador a partir de los rasgos de los sujetos experimentales. Las personas sólo compartían su dinero con aquellas imágenes cuyos rasgos eran similares a los suyos.


“Idiots, Stupid and Criminal Students”

El análisis de la conducta de los adolescentes ha oscilado entre la comprensión paternalista y el desprecio más absoluto. En la actuación de Les Luthiers “Visita a la universidad de Wildstone”, el guión del documental traduce las palabras que usa el rector para referirse a sus alumnos: “idiots, estupids and criminal students” como “traviesos y pícaros estudiantes”. “A este niño le falta un hervor”; “ ¡ a ver cuándo maduras!” son expresiones que suelen ser utilizadas por los adultos cuando tratan, curiosamente a la vez, de recriminar y de explicar la conducta alocada, pícara, disoluta y en ocasiones idiota, estúpida y criminal de los adolescentes. ¿Es por tanto este un periodo en la vida de las personas que debe ser superado cuanto antes para poder ingresar así en la vida adulta? Una respuesta simple diría que sí, que efectivamente los adolescentes deben superar lo antes posible este estado alterado de su naturaleza para poder centrarse en aquello que realmente tiene importancia y hacerse de este modo unas personas de provecho y con futuro. Sin embargo, los estudios que se han realizado sobre el desarrollo cerebral en adolescentes muestran que esta etapa, con sus locuras e imprudencias, tiene una mayor importancia en el desarrollo de la persona de lo que hasta ahora se pensaba y que, precisamente, alargar el periodo de la adolescencia puede haber sido una respuesta ante los retos que supone la vida adulta.

En el trabajo recientemente publicado de David Dobbs “Beautiful Teenage Brains” (National Geographic, Octubre 2011), se comentan los estudios que se realizaron durante la década de los 90 en el NIH (National Institutes of Health) en adolescentes usando técnicas de imagenería cerebral que permiten conocer la evolución del cerebro desde la etapa infantil a la adulta, pasando por la controvertida adolescencia. El objetivo de estos trabajos era no sólo conocer los cambios anatómicos y neuroquímicos relevantes para explicar la conducta adolescente, si no también encontrar una explicación del papel que juega la adolescencia en la formación de la persona adulta, así como las relaciones, a menudo conflictivas, que se dan entre padres e hijos en esta etapa.

 Lo característico de adolescencia es que el tamaño del cerebro se ha clausurado, sin embargo lo que aumenta significativamente es su “recableado”, esto es, la complejidad de las conexiones entre neuronas que permiten la formación de redes que integran distintas áreas del cerebro. En este proceso tiene un papel fundamental la mielina. La mielina es una sustancia grasienta que recubre los axones de las neuronas y que facilita que los impulsos eléctricos viajen a la velocidad adecuada y lleguen con la sincronización necesaria para que las funciones que son implementadas en la red se realicen de forma eficaz. Se ha detectado que en la etapa comprendida entre los 12 y 25 años la mielinización aumenta significativamente, con lo que se ‘dispara’ la velocidad de conexión entre áreas muy distantes entre sí del cerebro.

En esta etapa de maduración cerebral aumentan también las conexiones del cuerpo calloso, el haz de fibras que unen los dos hemisferios; la complejidad de las conexiones en el córtex frontal y también el hipocampo. Es especialmente interesante las conexiones que se establecen entre el hipocampo y el córtex frontal, esto explicaría el papel que en la adolescencia juega el recuerdo de experiencias pasadas y su integración en la toma de decisiones. Es propio de adolescentes que las experiencias que les suceden, especialmente aquellas relacionadas con la interacción entre iguales y las redes sociales que van tejiendo, se vivan de forma muy intensa, de ahí que integrar las experiencias, las desilusiones y triunfos que se sufren a esta edad jueguen un papel fundamental en la toma de decisiones.

Cuando el desarrollo de una adolescente es normal, el equilibrio entre los impulsos, los deseos y conflictos de todo tipo, se resuelvan normalmente. Sin embargo, el equilibrio es muy inestable y los ajustes se producen de forma chapucera. Al fin y al cabo ya vimos que nuestro cerebro es una monumental chapuza (kluge).

Beatriz Luna, investigadora especializada en la conducta de adolescentes, realizó unos test experimentales sencillos para investigar la capacidad de inhibición de impulsos en adolescentes (Luna, B. y varios (2010)Immaturities in reward processing and its influence on inhibitory control in adolescence. Cereb Cortexl;20(7):1613-29). La tarea es sencilla, en una pantalla, por supuesto a modo de video juego, se le presentan al sujeto unos estímulos visuales. Los monitores les solicitan a los sujetos que intenten evitar dirigir la mirada hacia esos puntos de luz y que se concentren en otras áreas de la pantalla. La monitorización de la actividad cerebral de los sujetos mientras realizan la tarea muestra que a los niños/as a la edad de aproximada de 10 años les cuesta trabajo seguir las instrucciones y suelen sucumbir al impulso de la novedad y la curiosidad por lo prohibido (los estímulos visuales que tienen que tratar de evitar). Es a partir de los 15 años cuando la conducta se asemeja a la de los adultos y consiguen evitar la tentación de mirar al lugar prohibido. Lo realmente interesante es que los adolescentes hacen un uso menor de áreas relacionadas con la planificación y la concentración que los adultos que sí son capaces de utilizar estas áreas de forma automática para realizar la tarea, aunque los resultados mejoran cuando la tarea es recompensada.
Dobbs concluye que la menor utilización de estas áreas explicaría la inconsistencia que es propia en la conducta adolescente. Los adolescentes estarían empezando a aprender cómo usar estas áreas, y es por ello que el estrés, el cansancio o los problemas puedan causar fallos en el recableado de las redes, especialmente las que estarían relacionadas con la planificación de conductas o el análisis de las consecuencias de nuestras acciones.

Los trabajos de Sara-Jayne Blakemore del UCL (Institute Cognitive Neuroscience) apuntan en la misma dirección. Las imágenes tomadas mediante resonancia magnética en jóvenes que hacían un trabajo en el que tenían que planificar una tarea mientras evitaban una labor de distracción mostraron que en el córtex frontal había una gran actividad, aunque siguiendo patrones de trabajo caóticos. La dificultad a distraerse en clase y la facilidad con la que se evaden, especialmente en las clases de filosofía, es algo natural si se piensa que las áreas encargadas de la planificación y concentración están aún en periodo de formación. (Por qué a los adolescentes les cuesta trabajo concentrarse)

[Que fácil es evadirse de las clases ]
Desde una perspectiva evolutiva, la inconsistencia, los repentinos cambios de humor, la imprudencia de los actos de un adolescente, cumpliría una función adaptativa. Los rasgos problemáticos de la conducta adolescente (evitaré poner ejemplos para no delatarme) son fundamentales para la adaptación a un mundo totalmente cambiante y lleno de sorpresas. En definitiva, se trataría del proceso necesario para preparar al adolescente para “abandonar el nido”

Laurence Steinberg, psicólogo especializado en adolescente en la Temple University ha realizado unas investigaciones en las que se valoran los refuerzos sociales que reciben los adolescentes en sus juegos. En los videojuegos que tienen que resolver, la estrategia ganadora es aquella que consigue mantener un equilibrio entre el riesgo y una actitud “más conservadora”. Normalmente los sujetos consiguen resolver bien la tarea aunque hay diferencias entre el nivel de riesgo que algunos están dispuestos a asumir. Sin embargo, la conducta se modifica significativamente cuando hay observadores también adolescentes. En estos casos, el comportamiento es más agresivo y aumenta el riesgo que se normalmente se está dispuesto a asumir.

La verdad es que no se si sería necesario tanto experimento. Cualquiera que ha jugado a baloncesto habrá sufrido los codazos del colega que se sabe observado por alguna chica por la que siente interés, y todos hemos podido ver cómo ese jugador tranquilo, pasador y sacrificado defensor de los intereses de su equipo se vuelve agresivo, egoísta en su juego y un auténtico “idiot, estupid and criminal player”.

Esta conducta muchas veces imprudente y que coloca a los adolescentes ante situaciones de auténtico riesgo, se produce porque evalúan el coste riesgo-recompensa de forma diferente a la de los adultos. En esta etapa la recompensa se valora en mayor medida que las consecuencias de nuestros actos, y esta recompensa es especialmente valorada cuando se trata de una recompensa social. Quizá esto explique la absurda tendencia de colgar en youtube las “hazañas” o los actos, en muchos casos de pésimos gusto, y de alto riesgo, que realizan los jóvenes. Esta tendencia a correr riesgos podría proporcionar una ventaja adaptativa que se concretaría en una mayor capacidad para asumir situaciones novedosas y la toma de decisiones en contextos novedosos.

Dopamina

El aumento de los niveles de dopamina ligados a la recompensa emocional ayuda al fortalecimiento de las redes neuronales que se construyen y al aprendizaje de patrones de conducta. (Pleger B. et al. (2009). Influence of dopaminergically mediated reward on somatosensory decision making. PLoS Biol 7(7) A su vez, un mayor nivel de oxitocina ayudará a mejorar las relaciones sociales. Son los adolescentes los que pueden ofrecer situaciones novedosas y más atractivas que los adultos, de ahí la tendencia a relacionarse entre iguales. Tendencia que se ve acrecentada por la aparición de las redes sociales en internet. El círculo entre redes sociales y sistemas de recompensa social se ha cerrado finalmente.

Por otro lado, y esto es lo novedoso del estudio, una explicación alternativa nos dice que lo que hacen los adolescentes con su extraña conducta es invertir en el futuro. La mayor parte de la vida que le espera a un adolescente cuando pase a su etapa adulta se va a desarrollar entre los que ahora son adolescentes y no en el mundo construido por sus padres/madres. Esto es especialmente evidente en aquellas sociedades abiertas y en continuo cambio frente a las sociedades cerradas y más conservadoras. Conocer a sus iguales y comprender cómo se establecen las relaciones sociales aumentan las posibilidades de éxito.

El difícil papel de los padres. La cultura no crea la adolescencia, este es un fenómeno universal propio de nuestra especie, pero sí la moldea y fija la manera en la que se manifiesta en las distintas tradiciones y también su duración. Es en el seno de una cultura donde los padres tienen que lidiar con sus hijos/as adolescentes. Son estos los momentos de las grandes discusiones en las cocinas de las casas, de las negociaciones interminables para fijar la hora de llegada y la adecuación del vestuario de salida, y donde se pedirán las explicaciones oportunas por unos malos resultados académicos o alguna situación comprometida. Cuando uno ha estado en los dos lados de la trinchera llega a tener un cierto conocimiento de causa, y al parecer los adolescentes, en algún momento de su vida saben que la información y la experiencia que uno ha adquirido pueden serles útiles. Los padres pueden ofrecer algún tipo de guía o de conocimiento sobre cómo funcionan las relaciones sociales y otros grandes enigmas de la juventud. Este es el gran reto, nada fácil por otro lado, porque los adolescentes tienen que considerar que sus padres/madres están capacitados para ofrecer esta información, y los poadres/madres deben ser capaces de dar ese consejo llegado el caso. Y eso en un mundo tan heraclíteo como este es francamente difícil.

La prolongación de la adolescencia puede ser una respuesta evolutiva para adaptarse a un entorno cada vez más confuso y cambiante. La mielinización aporta una mayor velocidad de conexión y firmeza en las redes neuronales que se construyen; sin embargo, dificulta la aparición de nuevas conexiones en los axones, frenando de este modo la plasticidad cerebral. Por ejemplo, las áreas responsables del lenguaje quedan clausuradas a los 13 años. A esta edad se afianza el uso correcto de la lengua, pero con la clausura el precio que se paga es la dificultad para aprender una nueva lengua. La prolongación de la adolescencia, y soportar a adolescentes de 20 años, es la estrategia para conseguir una mayor flexibilidad y una mejor capacidad de adaptación a un medio inseguro y en un continuo proceso de cambio.

Las referencias a este artículo y su acusación de paternalismo no se han tardado. Simon Fischweicher “ The Neurological Excuse for Your Teen’s Idiotic Decisions” ha comentado que el artículo de Dobbs no debe caer en manos de adolescentes para evitar que estos recurran a explicaciones neurobiológicas que les permitan justificar su alocado comportamiento. La verdad es que no me imagino a mi hija diciendo “lo siento papá pero estoy neuroquímicamente programada para sobrevalorar las recompensas sociales, y eso bloquea la acción de mi córtex frontal para evaluar las consecuencias de mis actos, por lo que debes considerar normal que no dedicase el tiempo suficiente a preparar mi examen y si a ir al ‘Oboe’ (pub de moda entre la juventud motrileña). Sinceramente no veo peligro alguno en que los adolescentes lean los trabajos de Dobbs y los demás investigadores especializados en conducta de adolescentes. Es como se prohibiésemos a los hombres casados leer los trabajos en antropología evolutiva o sociobiología sobre la infidelidad, por temor a que los usen como argumentos ante una posible demanda de divorcio. Comprender el funcionamiento de la mente de los adolescentes, si es que esto es posible, puede servir de ayuda a los padres para tratar con sus hijos las posibles situaciones conflictivas a las que se puedan enfrentar, pero también puede ayudar a los jóvenes a comprender aspectos de su comportamiento que les resultan extraños y que aprendan a sopesar si merece la pena correr determinados riesgos.
Wordle: Adolescencia


Crimen (fMRI) y Castigo

Cartel de la película Minority Report

En la película Minority Report ,  basada en un relato de Philip K. Dick (The Minority Report, 1956) la Unidad de Precrimen puede detectar cuándo se va a producir un crimen gracias a unos seres, los precogs, que poseen la capacidad de leer la mente del asesino y conocer su intención minutos antes de que se produzca el delito.  De este modo, la unidad puede enviar a un agente para que detenga al asesino antes de que cometa el asesinato. Los informes que emiten los precog tienen validez jurídica y son una prueba de cargo contra el “no autor” del crimen.

¿Estaría hoy día la neurociencia en posición de colocarnos en una situación similar a la que nos propone la película? ¿Podría un escáner cerebral  proporcionar una imagen del cerebro mediante una resonancia magnética funcional, que nos permitiese identificar un psicópata no detectado, esto es, un sujeto con una alta probabilidad de tener una conducta delictiva? ¿Qué hacer con un sujeto que no ha cometido delito alguno, pero que según el informe los “prepsicos” tiene una alta probabilidad de cometerlo?

El comportamiento característico de un psicópata es muy peculiar y en cierto sentido  contradictorio. Son capaces de aunar una especial habilidad para la discusión y un aparente encanto personal, con una incapacidad manifiesta para formar vínculos estables con otras personas. Cuando los psicópatas tienen que analizar sus conductas, si bien son capaces de comprender las consecuencias que tiene sus acciones, no muestran signos de asumir la responsabilidad de las mismas, ni responsabilidad moral alguna ante lo que han realizado, aunque se trate de una agresión con una violencia extrema. Auténticos maestros en la mentira, suelen justificar su comportamiento violento como una respuesta a una conspiración precisamente de aquellas personas que han sido víctimas de sus acciones. Hay que diferenciar la conducta antisocial que exhiben muchas personas, que pueden incluir incluso actos criminales, con el comportamiento y el perfil psicológico que muestran los psicópatas. Lo característico de estos últimos es una total falta de empatía y de arrepentimiento ante las acciones que cometen.

Para la identificación de psicópatas se recurre a la escala PCL-R diseñada por Robert Hare, pero también se ha recurrido a un método que ha suscitado una interesante polémica que va más allá del marco y los problemas propios de la neurociencia.  La utilización de una imagen tomada mediante fMRI, ha servido para diseñar la defensa de Brian Dugan, un sujeto al que se le acusaba del asesinato de una niña de 10 años y que ya estaba en prisión por otros tantos delitos cometidos. El caso Dugan no ha sido el primer caso en el que se ha recurrido a la utilización de imágenes cerebrales para determinar si el acusado sufre algún tipo de patología que permita a la defensa argumentar que el sujeto, debido a su trastorno mental, no es responsable de sus actos. En 1982 los abogados de John Hinckley, acusado de intentar asesinar al presidente R. Reagan, presentaron imágenes del cerebro de Hinckley tomadas mediante una tomografía  para demostrar que presentaba una anomalía que explicaría su comportamiento. Hinckley fue considerado no culpable debido a sus problemas mentales.

Ficha policial de Brian Dugan

El uso de técnicas de imaginería cerebral se ha incrementado en los últimos años en la práctica judicial. (Nicky Penttila “Brain Science and the Law, 18 marzo, 2011) Las investigaciones en neurociencia obligan a replantearnos conceptos como los de libre albedrío y responsabilidad que son  claves en los ámbitos del derecho y la moral. Por ejemplo, ¿puede una persona con daños en el área prefrontal ser responsable, penalmente responsable, de sus actos, cuando sabemos que las áreas dañadas son responsables de la capacidad para analizar las consecuencias de nuestros actos?

El uso de técnicas de imaginería cerebral  no sólo  incluye  fMRI, también se usa la Tomografía mediante la Emisión de Positrones (TEP) para medir la actividad metabólica, o la MRI estructural. El objetivo último que persigue el uso de estas técnicas es medir la probabilidad de que una persona desarrolle

Kent Kiehl con su escáner portatil

algún tipo psicopatía. Kent Kiehl ha usado un escáner móvil para realizar estudios entre la población reclusa.  De sus estudios se desprende que el 1% de la población masculina adulta serían psicópatas, llegando este porcentaje hasta el 25% en la población reclusa. Según Kiehl,  las imágenes tomadas al cerebro de los psicópatas muestran que estas personas padecen alteraciones de áreas del sistema límbico encargadas de regular la memoria y las emociones.

Algunos de los trabajos que se realizan en el campo de la neurocriminología pretenden llegar a identificar rasgos de una psicopatía en niños de tres años de edad. De llegar a identificarse a individuos que padecen estos trastornos, se podían iniciar las terapias a edades muy tempranas para evitar que estas personas lleguen a cometer delitos violentos. En este sentido, la neurocriminología sería algo muy parecido a la unidad del precrimen. ¿Qué se haría en el caso de predetectar a un psicópata? ¿Aparecerían estos rasgos en sus informes médicos, de la misma manera que aparece si ha pasado el sarampión? ¿Quién querría que en el colegio de sus hijos/as hubiese alumnos/as con una probabilidad, digamos superior al 80% de desarrollar una psicopatía? ¿Qué se hace con un psicópata detectado pero que no ha cometido ningún delito? El problema que se plantea en  Minority Report  es si se puede juzgar o incluso llegar a tomar medidas de algún tipo contra alguien que no ha cometido delito alguno.

Objeciones, dudas y preguntas interesantes sobre estas cuestiones podemos encontrarlas en la entrada del blog de Pere EstupinyaLos malnacidos psicópatas” y especialmente en el capítulo 8 «Neuroarrogancia en los juzgados» de su libro  El ladrón de cerebros.  El determinismo neurobiológico sugiere que, una vez que se ha establecido una correlación entre alteraciones en la arquitectura cerebral o en el funcionamiento de áreas concretas de cerebro y conductas delictivas, toda persona que padezca estas alteraciones tendrá una alta probabilidad de manifestar el tipo de conductas delictivas asociadas a estas alteraciones. Para una versión fuerte del determinismo, el ambiente, la educación que reciban estas personas no incidirá en una modificación de su comportamiento. Todos los estímulos externos que reciba el individuo van a estar mediados por el funcionamiento anómalo de las áreas del cerebro dañadas.

Helen Mayberg, neuróloga del Emory University School of Medicine de Atlanta presenta serias dudas sobre los procedimeintos basados en las mediciones realizadas mediante fMRI. Las imágenes obtenidas mediante resonancia magnética funcional miden cambios en el flujo de sangre, pero aún no se tienen datos recogidos en cantidades suficientes para que se puedan establecer no ya relaciones funcionales, sino tan sólo correlaciones. Además, los datos no son contrastados y hasta ahora se han usado para medir los cambios en grupo de población y no en individuos particulares, lo que dificulta notablemente realizar una proyección de los datos obtenidos a los casos individuales. Por otro lado, esta especial unidad de precrimen no puede tener datos de la actividad cerebral del psicópata en el momento de realizar el crimen, por lo que no sabemos cómo funcionan las áreas responsables de la conducta de estas personas en ese momento.

No parece ser que se esté cerca de la creación de una “neurounidad del precrimen”. Quizá se necesite más tiempo para desarrollar técnicas que permitan analizar, comprender y predecir la mente de un psicópata. Una cuestión distinta es si el sistema procesal va a incorporar estas técnicas de la misma forma en que ha incorporado los análisis de ADN o los test psicológicos y los informes psiquiátricos que aportan los forenses en sus informes. Por otro lado, los estudios en neurocriminología pueden aportar una información muy útil para comprender aspectos esenciales de nuestra vida social como pueden ser el libre albedrío, el autocontrol, la agresividad, las emociones o la responsabilidad moral.


TS-19

En el último capítulo de la serie The Walking Dead, los protagonistas que van quedando consiguen llegar al Centro de Control y Prevención de Enfermedades. El centro está bajo la supervisión del doctor Edwin Jenner, que con la ayuda del sujeto experimental TS-19 intenta encontrar una cura a la enfermedad.

Cuando, tras una buena borrachera, los supervivientes demandan respuestas al doctor Jenner, este les muestra un video de una imagen del cerebro de TS-19 en el que se muestran las lesiones que sufre el sujeto tras haberse infectado, y como después de haber muerto el sujeto resucita, por poco tiempo gracias a la bala que le atraviesa el cráneo, y puede observarse de nuevo la actividad cerebral del nuevo zombi.

Actividad cerebral de TS-19

La conclusión del doctor Jenner es que la actividad cerebral está reducida al cerebelo, encargado de integrar funciones motoras y sensitivas muy básicas, y eso explicaría la falta de conciencia característica de los zombis (como vimos en la entrada anterior de este blog).

La verdad es que el doctor Jenner, probablemente por la falta de tiempo (hay que recordar que él remató al zombi), no pudo realizar un estudio más completo del sujeto TS-19. Por suerte, el Dr. Steven C. Scholzman del centro de Psychiatry at Harvard Medical School ha podido realizar estudios más completos a partir del análisis del cerebro de distintos sujetos experimentales, o de lo que quedaba de ellos.

Una característica peculiar de los zombis es su incapacidad para planificar conductas, de ahí que se pasen el día deambulando a la espera de alimento. Este comportamiento es debido a los daños que la infección ha provocado en su lóbulo frontal. Sin embargo, dado que disponen de cierta habilidad para percatarse de la presencia de seres vivos en su entorno, quizá las conexiones entre el lóbulo frontal y el tálamo no estén del todo dañadas.

Su deficiencia motora (son muy cansinos, pero por suerte bastante lentos y torpes) se debe a una disfunción del cerebelo y de los ganglios basales responsables estos últimos de controlar los movimientos automáticos.

La especial agresividad que muestran se debe a daños en la corteza anterior cingular. Esta zona regula las conexiones entre la amígdala y el lóbulo frontal, de ahí que el cerebro de un zombie esté dirigido fundamentalmente por la actividad de la amígdala y su comportamiento se limite a la satisfacción de emociones básicas, fundamentalmente comer. Su continuo deseo de comer está motivado por daños severos en el hipotálamo, lo que les provoca un “síndrome de déficit de recompensa”.

El diagnóstico del doctor Schlozman es Ataxic Neurodegenerative Satiety Deficiency Syndrome (ANSD)

Título que acredita mis conocimientos en zombilogía. Firmado por la Reina de Inglaterra

582002


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