¿Puede un zombie romper una puerta con un ladrillo?

Estrenan en televisión la serie “The Walking Dead” basada en el cómic escrito por Robert Kirkman y dibujado por Tony Moore. En una escena, homenaje a la película “la noche de los muertos vivientes”, en la que unos zombis atacan una galería comercial, se puede ver a uno de ellos golpear la puerta de cristal blindado con un ladrillo. Si los guionistas de la serie hubiesen leído algo de filosofía, sabrían que, si bien romper una puerta a ladrillazos puede ser un buen recurso para explicar cómo se fuerza la entrada de unos almacenes, cuando tratamos con zombis el asunto se vuelve más complejo.

Los zombis han sido un recurso, a modo de experimento mental, con el que algunos filósofos han tratado el tema de la conciencia, la atribución de estados mentales a terceras personas, y de paso, arremeter contra el fisicalismo. (El fisicalismo sostiene que podemos describir y explicar qué son y cómo interactúan los estados mentales – entre sí y con el mundo- en términos exclusivamente físicos.)
Los zombis son los malos ideales en cualquier cómic o serie de ficción. Son lentos, torpes, (uno nunca se imagina cómo han podido morder a tanta gente), no tienen conciencia –ni alma, ya están muertos- y por lo tanto se les puede reventar la cabeza sin que eso nos genere mayores dilemas morales. (En la serie, el posible conflicto se supera rápidamente cuando el protagonista le dispara a una pequeña zombi que camina con un peluche cogido de la mano)

Sin embargo, para que el recurso sea eficaz en filosofía hay que hacer ciertos retoques a esta imagen del zombi. En una galaxia muy lejana, o como les gusta decir a los filósofos, en un mundo posible, existen seres que son idénticos a nosotros en todos los aspectos físicos relevantes. Se comportan como nosotros e incluso hablan. Sin embargo, la característica que define a los zombis es que carecen de conciencia. Los zombis no pueden ser detectados analizando exclusivamente su comportamiento, por lo que no se les podría negar el acceso a los estadios de futbol, la militancia en partidos políticos, o su participación en tertulias televisivas. La existencia o no de los zombis plantea el siguiente dilema. Si tal y como sostienen los fisicalistas, el mundo está formado exclusivamente por entidades físicas y relaciones entre entidades físicas, entonces los estados mentales serán idénticos a los estados neurofísicos del cerebro. O simplemente no hay tales estados mentales y todo es reducible a estados y procesos neuroquímicos. Por lo tanto, podemos dormir tranquilos porque los zombis no existen. Pero de otro lado, si los zombis existen (o son metafísicamente posibles), entonces sí se podría afirmar que existen estados mentales, estados de consciencia, que son independientes de los estados físicos, tal y como sostenía Descartes con su res cogitans, y que por lo tanto, en la medida en la que podemos separar las actividades y procesos físicos de las actividades y procesos mentales, el fisicalismo es falso.

David Chalmers

Los militantes de Zombies Wright Watch, entre los que destaca activamente David Chalmers, sostienen que, aunque la idea de que existan los zombies no es concebible, para acabar con el fisicalismo, el reduccionismo o el eliminativismo, es suficiente con pensar que al menos metafísicamente hablando sí son posibles. Los argumentos que se han presentado para defender la plausibilidad de la existencia de una conciencia independiente de los procesos neurofísicos son muchos y variados. Hay que reconocer que a estas gentes imaginación no les falta, y han imaginado todo tipo de situaciones posibles, muchas de ellas más allá de lo que se le puede pedir a un ejemplo mental.

Para imaginar cómo alguien puede llegar a “convertirse” en un zombi, Ned Block (otro destacado activista pro derechos de los zombis) nos pide que imaginemos una situación en la que a una persona le han sustituido cada una de sus neuronas por diminutos seres que realizan las mismas funciones que las neuronas aunque, evidentemente, mediante procedimientos distintos. Por ejemplo, todas las sinapsis neuronales se han sustituido por toques a los iphone de los diminutos. De esta manera los procesos neuroquímicos que ocurren en el cerebro han sido sustituidos por las peculiares conexiones que mantienen los diminutos entre sí. Dado que lo que hacen los diminutos es idéntico a lo que hacían las neuronas, no hay forma de distinguir a estas personas sin neuronas de aquellas otras que sí tienen. Estas personas, nos dicen Block y David Chalmers no pueden ser consideradas seres conscientes y, en este sentido, su situación sería muy parecida a la de los zombis.
Quizá en otro momento podríamos escribir sobre otros argumentos que se han elaborado contra la amenaza fisicalista, pero ahora veamos que nos dicen algunos filósofos naturalistas (en filosofía de la mente hay que tener mucho cuidado con las etiquetas que les colocas a los filósofos. Una etiqueta equivocada y te envía a sus padrinos).

El principal argumento contra la plausibilidad de los zombis es que está mal diseñado. Recordemos que los zombis tienen un comportamiento idéntico al de las personas con conciencia, y es precisamente su comportamiento social lo que impide que sean zombis. Dennett (La conciencia explicada. 1995) ya advirtió que cualquier acto que requiera una reflexión sobre el mismo acto implica necesariamente estados de conciencia. Los zombis, al entrar en contacto con seres conscientes o con otros zombis, al planificar su conducta, al hablar sobre sus estados internos tendrían que ser seres conscientes.

En una línea de argumentación similar, Patricia Churchland (Brain-Wise. Studies in Neurophilosophy) nos propone imaginar una situación parecida para poder comprobar lo absurdo del planteamiento. Imaginemos un planeta en el que los seres que lo habitan están compuestos de células con sus membranas, núcleo, ADN, estructuras internas y que realizan las mismas funciones que las células de los seres vivos que hay en el planeta Tierra. Lo que diferencia a las células de esta Tierra Gemela de las células de nuestro planeta es que ¡no están realmente vivas! Dado que esto sería una posibilidad lógica, entonces podríamos concluir que la vida es independiente de la biología.
¿Puede entonces un zombi romper una puerta de cristal blindado con un ladrillo? No. Desde una perspectiva dinamicista, la conciencia surge como resultado de la interacción entre el sujeto y su entorno. Seleccionar el objeto con una intención concreta y planificar un curso de acción, requiere necesariamente estados de conciencia. Por lo tanto, el sujeto que está intentando romper la puerta de cristal con un ladrillo no puede ser un zombi ¿Qué puede ser entonces? Debe tratarse de un filósofo tratando de pasar desapercibido entre los zombies y que trata, muy sutilmente, de decirles a los que están en el centro comercial que no le disparen.

Acerca de José Luis Fernández Moreno

Profesor de Filosofía (Secundaria). Intereses: Neurofilosofía Ver todas las entradas de José Luis Fernández Moreno

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